martes, 29 de mayo de 2012

La ETA más fuerte gracias al silencio de la gente buena

El 29 de mayo de 1991, la banda terrorista ETA atentó contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Vic. Murieron 10 personas y 44 resultaron heridas. Entre los muertos había cuatro niñas: de 14, 11, 10 y 8 años; y un joven de 17.

Hoy es 29 de mayo de 2012 y la ETA está en el Congreso, representada por Amaiur. La ETA también está en las instituciones vascas y navarras, la ETA dirige muchos ayuntamientos. La ETA política está en crecimiento gracias al apoyo de unos y otros, los que hacen oídos sordos y los que les apoyan directamente. Sin ir más lejos, el alcalde de Vic, ya ha anunciado que no acudirá al homenaje a las víctimas en la Casa Cuartel.
Hace unos días han detenido en Francia a dos etarras que ocupan una posición importante en la ETA militar: Oroitz Gurruchaga Gogorza (jefe de aparato militar), y su «lugarteniente», Javier Aramburu Sagarminaga. Los dos iban armados. Todos sabemos que la ETA no ha entregado las armas, así que lo lógico es que las siga usando y manteniendo para utilizarlas en un futuro. .
ETA no ha muerto. ETA se reorganiza. Los guardiasciviles siguen jugándose la vida. Todo sigue prácticamente igual, excepto porque la ETA tiene más poder político.  
Los políticos pueden hacerse los ingenuos –pues tienen pruebas suficientes de que ETA está viva- pero al pueblo no se le engaña. Recojo aquí el testimonio de Álvaro, un joven guipuzcoano:
La verdad en la Comunidad Autónoma Vasca. http://alvaroruizmenendez.blogspot.com.es/2012/02/la-verdad-en-la-comunidad-autonoma.html
Desde este blog, que se precia de ser católico, no vamos a gritar: ¡Ni olvido ni perdón! como hacen algunos (y comprendemos). Perdonar es cosa buena. Pero sí gritamos, y bien fuerte:
¡Viva la Guardia Civil!
¡Viva España!

viernes, 25 de mayo de 2012

La diócesis de Santander y Mena necesita que se marque la X en la Declaración

Para seguir prestando ayuda a los más necesitados, el vicario de Asuntos Económicos, José Oláiz, ha pedido la colaboración de todos los miembros de la diócesis de Santander y Mena.

Está en nuestras manos aportar un pequeño apoyo para ayudar en tiempos de crisis.

jueves, 24 de mayo de 2012

Santander no le cobra el IBI a la Iglesia

En estos tiempos difíciles se percibe más que nunca la inmensa labor social que lleva a cabo la Iglesia Católica. Es un esfuerzo inmenso, en el que nos vemos implicados todos los católicos. Desde la limosna en Misa hasta los voluntarios de Cáritas, todos trabajamos en bien de los más desfavorecidos. 

Y esto lo sabe el alcalde de Santander, que ya ha avisado de que no cobrará el IBI a la Iglesia en Santander. No esperábamos menos los católicos santanderinos (que somos bastantes). Está por ver la reacción de los desagradecidos, de uno y otro signo político, que parece que no están de acuerdo con que la Iglesia atienda a los pobres. 

Noticia en El Diario Montañés:
http://www.eldiariomontanes.es/v/20120519/santander/destacados/serna-reitera-cobrara-edificios-20120519.html

miércoles, 11 de abril de 2012

Balón, Gerardo Diego

Todos los santanderinos hemos vivido este poema de nuestro paisano Gerardo Diego. 



¿Tener un balón ? Dios mío.
Qué planeta de fortuna.
Vamos a los Arenales :
cinco hectáreas de desierto,
cuadro y recuadro del puerto.

Qué olor la Tabacalera.
-Suelta ya el balón. Incera.
-No somos once. -No importa.
Si no hay eleven hay seven.
Qué elegante es el inglés :
decir sportman, team, back ;
gritar goal, córner, penalty.
(Aún no se ha abierto el Royalty.)

-Marca tú la portería :
textos y guardarropía.
-Somos siete contra siete.
Un portero y un defensa,
dos medios, tres delanteros ;
eso se llama la uve.
Y a jugar. Vale la carga.
pero no la zacandilla.
Yo miedo nunca lo tuve ;
(Una brecha en la espinilla.)

Ya se desinfla el balón.
Sopla tú fuerte la goma.
Ata ya el cuero marrón.
El de badana en colores
déjase a los menores
para botar con la mano.

Mañana a la Magdalena
a jugar contra el « Piquío ».
Y al « Plazuela », desafío.

Tener un balón, Dios mío.

GERARDO DIEGO


jueves, 23 de febrero de 2012

Antonio Tejero Molina: mi padre

Publicada por Ramón Tejero Díez, en ABC (Sábado, 14-02-09)
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Aquel 23 de febrero de 1981, muy temprano, salimos de casa... Yo sabía lo que ocurriría... Sin embargo, el silencio era la expresión más simbólica del cariño que se puede dar a un padre que en esos momentos atravesaba unos de los momentos mas difíciles de su vida. Había vivido momentos de angustia, de terror. Noches en vela, acompañadas de desconciertos en una España que los españoles desconocían. Noches de zozobra que acompañaban a un hombre al cargo de las tierras vascas y con el encargo de acabar con el terrorismo... Muertes sin compasión de manos de ETA, traiciones de ideales, injusticias, quejas de viudas, órdenes para quemar una bandera que, después, fue legalizada y que causó tantos y tantos muertos...
Todo era incomprensible para un joven que creció con el dolor, la inquietud, el temor y el deseo irrefrenable de una España coherente... Ese joven era yo, ahora sacerdote de Jesucristo, pero sin dejar de ser hijo de mi padre, del cual me enorgullezco plenamente. Aquella mañana del 23 de febrero acompañé a mi padre a la celebración de la Eucaristía en la capilla que hay frente a la Dirección General de la Guardia Civil. Momentos de silencio, de oración profunda, de contemplación sincera de un hombre creyente que sabía cuál era su deber, que conocía las órdenes recibidas y que no quería por nada del mundo manchar sus manos de sangre (como así fue). Un hombre de uniforme, de rodillas ante el Sagrario y el altar del sacrificio: mi padre. Suponía para mí un ejemplo de gallardía que nadie me hará olvidar, el testimonio fiel de un creyente coherente con el juramento que había hecho años atrás... No había palabras, sólo silencio, recogimiento y oración sincera. Al salir de la capilla, con una mirada penetrante -y me atrevería a decir que trascendente-, contempló la Bandera Nacional y, con voz serena, tranquila y gallarda, me dijo: «Hijo, por Dios y por Ella hago lo que tengo que hacer...». Y, con un beso en la mejilla, se despidió de mí. Un beso tierno de padre, pero que también sonaba a despedida: la despedida de un hombre que teme que no volverá a la vida... y eso pensé yo también.

Y, con el gozo de amar a mi padre con locura, volví a mi casa para acompañar a aquella que simbolizaba -en aquel momento y siempre- los valores de la mujer fuerte de la Biblia: mi madre. Esa gran mujer que ha sabido hacer, de su existencia, una entrega victimal y heroica a Dios, a España y a su familia -valores en los que fue educada a lo largo de todo su vida y que sigue mostrando, en el otoño se su existir, con una entrega amorosa a todos nosotros-. Pasamos la mañana con serenidad... El silencio era la elocuencia de nuestro pesar, mientras que el tiempo se convertía, segundo tras segundo, en el traicionero «reloj» que nos hacía pensar en aquel momento. No sabíamos más ni menos. Realmente, nos dolía España, mi padre y el momento en sí; aunque nos tranquilizaba la certeza, según nos habían dicho, de que el Rey apoyaba y ordenaba tales hechos. Era un acto de servicio más, en un momento crítico, por el cual atravesaba nuestra Patria. Y pasó lo que toda España conoce y lo que los medios transmiten (aunque no con toda la veracidad que debieran). No voy a entrar en polémica... ni quiero, ni debo. Pero sí deseo aclarar algunos puntos que conozco, que siento míos y que viví con intensidad aquella noche. Y deseo hacerlo desde el sosiego, desde la paz que, cada día, me regala Cristo y desde la serena sabiduría de los años que te hacen asentar pasiones y discernir la verdad como realidad de la vida.

No voy a revelar nada del 23F, el silencio de mi padre me obliga a callar. Sin embargo, no puedo dejar en el olvido las grandezas de un gran hombre.

Es por ello que, ante las distintas informaciones y publicaciones de estos días en distintos medios de comunicación, quiero y deseo expresar lo siguiente: mi padre es un hombre de honor, fiel a sus principios religiosos y patrióticos; es coherente y sincero. Es un militar de los pies a la cabeza, consciente de sus responsabilidades, entregado a sus hombres. Es un hombre cumplidor, trabajador hasta el extremo, leal ante el significado de la palabra juramento y fiel al mismo. Es un hombre sereno, sencillo, disciplinado y amante de la verdad. No es violento, ni agresivo. Es templado, sensato, sereno, inteligente y capaz de discernir con coherencia una realidad aparentemente absurda e incoherente como parece que fue el 23F. Es un marido ejemplar. Un padre extraordinario. Un hombre excepcional. Un amigo fiel. Un español honorable y un cristiano sincero y veraz. Mi padre es mi padre. Me duele la falta de información y coherencia. Me duele ver cómo todos aprovechan el «silencio» de un hombre para intentar destruirle... quizá por miedo a su palabra... Me duelen tantos programas y tan poca veracidad...

Quiero a mi padre con locura. Es por ello que ruego y aliento a todos aquellos que creen en la libertad de expresión, para que sean tan audaces y coherentes como para publicar estas pobres palabras que tan sólo manifiestan los sentimientos de un hijo por su padre.

Un hijo que se siente orgulloso de su padre y de que éste se llame: Antonio Tejero Molina.

Ramón Tejero Díez

domingo, 1 de enero de 2012

Una propuesta: estatua al niño no nacido

En una de mis asiduas visitas al Foro Santo Tomás Moro (FSTM), he encontrado una noticia que me ha parecido muy interesante. Se trata de la inauguración, en Eslovaquia, de una estatua al niño no nacido. La belleza del conjunto escultural me conmovió, y me parece un motivo para la esperanza. Es probable que algún día nuestros gobernantes decidan colocar una obra de arte de este tipo, y ¿por qué no un político de Santander? Puede ser una buena propuesta para hacer a nuestros gobernantes.

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En una ceremonia que contó con la presencia del ministro de Salud de la República Eslovaca Ivan Uhliarik, el 28 de octubre pasado se inauguró en la localidad de Nova Ves Bardejovske un memorial del niño no nacido La estatua es obra del joven escultor eslovaco Martin Hudáčeka. La iniciativa de la estatua es de un grupo de jóvenes madres eslovacas, conscientes del valor de la vida humana y de la necesidad de abolir el aborto. El monumento expresa no sólo el pesar y arrepentimiento de la madre que ha abortado, sino también el perdón y el amor del niño por nacer hacia su madre.

(Tomado de Religión en Libertad)